El arco iris
El arco iris No entendía los oscuros y enigmáticos arrebatos de su marido ni su devoción por la iglesia. Era el edificio de la iglesia lo que a él le interesaba; y, al mismo tiempo, su alma era capaz de apasionarse por algo. Limpiaba la piedra, restauraba la madera, reparaba el órgano y conseguía que el canto alcanzara la máxima perfección posible. Su ocupación consistía en conservar intactos el tejido de la iglesia y el rito de la iglesia; tener completamente en sus manos el íntimo y sagrado recinto y dar forma al servicio completo. Había en las facciones de Will y en sus movimientos concentrados cierto brillo de angustia y tensión. Era como un amante que se sabe traicionado, pero que sigue amando, y su amor se vuelve aún más intenso. La Iglesia era falsa, pero él la servía con mayor dedicación.
De día, cumplía con su trabajo sin darse cuenta. No existía. Trabajaba mecánicamente hasta la hora de volver a casa.
Quería muchísimo a su pequeña Ursula, una niña de pelo oscuro, y esperaba el momento en que su hija cobrara conciencia de las cosas. La madre acaparaba a la niña por completo. Sin embargo, el corazón de Will aguardaba en su oscuridad. Ya llegaría su hora.