El arco iris
El arco iris Will construyó un cobertizo de madera para restaurar los objetos de la iglesia. Así, tenía mucho que hacer: su mujer, sus hijas, la iglesia, la madera, y su trabajo lo ocupaban totalmente. ¡Si no tuviera aquella limitación, aquella oscuridad en la mirada! Al final tuvo que rendirse. Tuvo que someterse a su ineptitud, a la limitación de su personalidad. Incluso tuvo que reconocer su temperamento, negro y violento, y aceptarlo. Pero la situación se fue tranquilizando cuando ella empezó a ser más comprensiva con él.
A veces, cuando estaba sentado, muy quieto, con una expresión luminosa y ausente, Anna veía el sufrimiento de su marido, a pesar de su luminosidad. Will era consciente de cierta limitación personal, de cierta deformidad en su propio ser, de ciertos brotes que no habían madurado, ciertos centros de oscuridad replegada que jamás llegarían a desplegarse y extenderse mientras su cuerpo siguiera con vida. No estaba preparado para la plenitud. Había en él algo que no había conseguido desarrollar y que lo limitaba, una oscuridad interior que no podía desplegar, que jamás se desplegaría dentro de él.