El arco iris

El arco iris

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

–No las pongas tan juntas –dijo, inclinándose sobre las patatas de la niña, desenterrando algunas y recolocando las demás. Ursula estaba quieta, aterrada por una dolorosa indefensión infantil. Su padre era un ser invisible y seguro, y ella quería hacer lo que le había pedido, pero no podía. Se quedó a su lado, mirando, con su babi azul aleteando al viento y los flecos rojos del chal de lana levantados por las rachas de aire. Brangwen siguió adelante por el surco, implacable, enterrando las patatas en los nítidos cortes de la pala. No se fijaba en Ursula, únicamente en su trabajo. Tenía un mundo propio, ajeno al de su hija.

Y la niña seguía quieta, desvalida, varada en el mundo de Brangwen. Él seguía adelante. Ella sabía que no podía ayudarlo. Sintiéndose desamparada, por fin dio media vuelta y echó a correr por el huerto lo más deprisa que pudo, para alejarse de él, para olvidarse de él y de su actividad.

Brangwen echó de menos la presencia de la niña, su carita, con el chal de lana rojo, el aleteo de su babi azul. Ursula llegó corriendo a un reguero de agua que se abría paso entre la hierba y las piedras. Le encantaba aquel reguero.

Cuando Bragwen se encontró con su hija, le dijo:

–No me has ayudado mucho.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker