El arco iris
El arco iris –Sà –contestaba Ursula, con la sensación de que iba a convertirse en vapor, a separarse de todo y fundirse. La barca subÃa hasta lo más alto, caÃa como una piedra y reanudaba su vertiginoso ascenso.
–¿Más alto? –decÃa él, mirando por encima del hombro, con una expresión perversa en el rostro hermoso.
Ursula se reÃa, con los labios blancos.
Y Brangwen impulsaba la barca por el aire, trazando un amplio semicÃrculo, hasta que el columpio se sacudÃa y se zarandeaba al alcanzar la horizontal. La niña se sujetaba con todas sus fuerzas, pálida, mirando fijamente a su padre. La gente los veÃa y empezaba a gritar. La sacudida habÃa estado a punto de derribarlos. Will hizo lo que pudo… Pero todo el mundo le reprochaba su comportamiento. Se sentó y dejó de impulsar el columpio.
Cuando bajó de la barca y oyó los abucheos de la gente, Will se echó a reÃr. Ursula se aferró a la mano de su padre, pálida y muda. Al rato estaba muy mareada. Brangwen le dio limonada, y la niña bebió un poco.
–No le digas a tu madre que te has mareado –dijo.
No hacÃa falta que se lo advirtiera. Cuando llegó a casa, Ursula se metió debajo del sofá, como un animalillo enfermo, y no salió de allà en mucho tiempo.