El arco iris
El arco iris Al momento estaba otra vez agarrada a la espalda de su padre, buceando en las aguas profundas. Estaba acostumbrada, desde que nació, a la desnudez de su padre y a la desnudez de su madre. Padre e hija se sostenían mutuamente y se resarcían mutuamente del extraño golpe que habían recibido. Sin embargo, otras veces, Will saltaba con la niña desde el puente de un modo temerario, casi perverso. Hasta que un día, al saltar, Ursula cayó encima de la cabeza de su padre y estuvo a punto de desnucarlo. Se hundieron en el agua enredados y, por unos momentos, lucharon contra la muerte. Will salvó a la niña, y se sentaron en la orilla, temblando. Pero la negrura de la muerte se adueñó de los ojos de Will, como si la muerte hubiera segado sus vidas, separándolos.
Aun así, no estaban separados. Había entre ellos una curiosa e hiriente intimidad. Cuando llegaba la feria al pueblo, Ursula quería montar en la barca. Will subía con ella y, de pie en el columpio, agarrado a las cadenas, empezaba a impulsarse cada vez más, hasta alcanzar una altura peligrosa. La niña se aferraba al asiento con todas sus fuerzas.
–¿Quieres subir más alto? –preguntaba él. Y ella se reía, con los ojos muy abiertos y dilatados. Volaban por los aires.