El arco iris
El arco iris –¿Eso qué más da?
Ella no respondió.
–Yo no te pregunto si estás casada –dijo Will.
–Sabes perfectamente que no lo estoy –contestó ella, enardecida. ¡Ah, si pudiera alejarse de él, si no necesitara entregarse a él!
Su voluntad se habÃa enfriado al fin, contra él. HabÃa logrado escapar. Sin embargo, lo odiaba más por la huida que por el peligro. ¿Tan frÃo era el desprecio que inspiraba en él? Y seguÃa torturada por la atracción que ejercÃa sobre ella.
–¿Nos vemos la semana que viene… el próximo sábado? –dijo Will, cuando salÃan del parque.
Ella no contestó.
–Ven conmigo al Empire… Ven con Gertie –insistió.
–Estoy apañada si salgo con un hombre casado –dijo ella.
–No soy menos hombre por estar casado, ¿o s�
–Salir con un hombre casado es otro cantar –contestó la joven, recurriendo a una frase hecha con la que daba a entender su desilusión.
–Y eso ¿por qué?
Pero ella no quiso sacarlo de dudas. De todos modos, prometió, sin prometerlo, que el próximo sábado por la noche estarÃa en el sitio acordado.