El arco iris
El arco iris Para Anna el momento fue crítico. Observaba a su marido con distancia. Will hablaba con ella, apático, porque apenas era consciente de su presencia. ¿Había perdido el interés por ella? ¡Esto era un giro inesperado! A pesar de todo, era muy atractivo. Le gustaba más que el hombre anodino al que conocía, casi anulado, casi sometido. ¡Por fin estaba floreciendo, naciendo a su verdadero ser! Anna se sentía despechada. Muy bien, ¡que floreciera! Le gustaba el cariz que tomaban las cosas. Era un desconocido el que venía a casa. Le bastaba con verlo para darse cuenta de que no podía someterlo como antes. En un instante, se dio por vencida. Sin embargo, sintió una puñalada de ira que insistía en su amado amor de antes, en la intimidad familiar que compartían, y en su propia supremacía establecida. Estuvo a punto de ponerse en pie y luchar por los dos. Pero al mirar a Will, y recordar cómo era su padre, prefirió ser cauta. ¡Las cosas estaban cambiando!