El arco iris

El arco iris

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Muy bien, si no podía influir en su marido como antes, se pondría a su altura en la nueva situación. Anna recuperó su hostilidad y su rebeldía. Muy bien. También ella emprendería su propia aventura. Su voz, su actitud, cambiaron: estaba lista para jugar la partida. Algo se liberó dentro de ella. Le gustaba aquel hombre. Le gustaba aquel desconocido que venía a casa. Lo acogía de muy buen grado, sí. Se alegraba mucho de acoger a un extraño. Estaba harta de su antiguo marido. Respondió con espléndido desafío a la sonrisa latente y cruel de Will. Él esperaba que fuera ella quien se encargara de conservar la fortaleza moral. Pues ¡estaba listo! Ése era un papel aburridísimo. Lo desafió, con una suerte de resplandor, muy luminoso y libre, antagónico. Will la miró, y sus ojos se iluminaron. Ella también estaba en el campo de batalla.

Los sentidos de Will despertaron y se concentraron en su mujer. Ella se rió al verlo tan indiferente y relajado. Él se acercó a ella. Anna ni lo rechazó ni respondió. Envuelta en una especie de resplandor, sublime en su actitud inescrutable, se rió delante de él. También ella podía arrojarlo todo por la borda: el amor, la intimidad, la responsabilidad. ¿Qué significaban para ella sus cuatro hijas en este momento? ¿Qué importancia tenía que aquel hombre fuera el padre de sus cuatro hijas?


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