El arco iris
El arco iris Para ella, Jesús tenía una belleza remota, resplandecía en la distancia, como una luna blanca al atardecer, una luna creciente que hace señas mientras sigue al sol, señas que escapan a nuestro entendimiento. A veces, unas nubes oscuras que estaban muy lejos, pellizcando una franja de atardecer amarillo, en invierno, la hacían acordarse del Calvario, a veces, la luna llena, que asomaba ensangrentada sobre el monte, le inspiraba pavor, al saber que Cristo estaba muerto, clavado y muerto en la Cruz.
Los domingos, este mundo visionario no existía. Ursula oía el silencio prolongado, sabía que se estaba celebrando el matrimonio de la oscuridad y de la luz. En la iglesia, el eco de la Voz no venía de este mundo, como si la propia iglesia fuera una envoltura que aún hablaba la lengua de la creación.
«Viendo los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas, tomáronse mujeres, escogiendo entre todas.
»Y dijo Jehová: No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne: mas serán sus días ciento y veinte años.
»Había gigantes en la tierra en aquellos días, y también después que entraron los hijos de Dios a las hijas de los hombres, y les engendraron hijos, éstos fueron los valientes que desde la Antigüedad fueron varones de nombre»[12].