El arco iris
El arco iris Ahora bien, ¿había que interpretar la frase al pie de la letra? ¿Era su padre un hombre rico? ¿No podría ir al cielo? O ¿era un hombre solo medio rico? O ¿era un hombre casi pobre? De todos modos, a menos que diera a los pobres todo cuanto tenía, le costaría mucho más llegar al cielo. El ojo de la aguja sería demasiado estrecho para él. Casi deseaba que su padre no tuviera un céntimo. Si uno llegaba hasta el fondo de la cuestión, cualquier hombre que no fuera pobre como el más pobre era un hombre rico.
Ursula tenía sus dudas cuando se imaginaba a su padre regalando su piano y las dos vacas, además del capital que guardaba en el banco, a los trabajadores de la zona, para que ellos, los Brangwen, fueran tan pobres como los Wherry. Y no quería. Se impacientaba.
«Muy bien –pensaba–, tendremos que renunciar a ese cielo, y listo… Por lo menos al del ojo de la aguja.» Y con esto despachaba el problema. Ni por todos los dichos del mundo estaba dispuesta a ser tan pobre como los Wherry… Como los míseros y escuálidos Wherry.
Así, volvía a la aplicación no literal de las escrituras.