El arco iris
El arco iris Ursula, acostumbrada a estas pinturas desde muy pequeña, buscaba sus detalles. Adoraba las flores, la luz y los ángeles de Fra Angelico, le gustaban los demonios y disfrutaba con el infierno. Sin embargo, la representación de Dios rodeado de los ángeles en las alturas un buen dÃa le pareció aburrida. La figura del AltÃsimo la aburrÃa y despertaba su resentimiento. ¿Esto era la culminación y el significado de todas las cosas, esta figura anodina vestida con una túnica? Los ángeles eran adorables y la luz deliciosa. Pero ¡esa manera de rodear a un Dios tan banal!
Aunque estaba decepcionada, de momento no tenÃa capacidad crÃtica. De momento habÃa mucho de lo que maravillarse. Llegó el invierno, las ramas de los pinos se partieron con la nieve, las agujas verdes tenÃan un aspecto suntuoso, esparcidas sobre la tierra. Se veÃa en la nieve el rastro fascinante de un faisán, estrellado y recto, nÃtidamente impreso; la huella ovalada de un conejo, con dos agujeros delante y dos detrás; la liebre dejaba surcos más profundos, sesgados, y las dos patas traseras se apoyaban juntas, formando un hoyo más grande; el gato hacÃa agujeritos pequeños, y los pájaros componÃan un dibujo semejante a un encaje.