El arco iris
El arco iris Pero ¿por qué? ¿Por qué no puedo resucitar con mi cuerpo completo y perfecto, rebosante de vida y fuerza? ¿Por qué, cuando María Magdalena dice «Rabuní», no puedo tomarla en mis brazos y besarla y estrecharla contra mi pecho? ¿Por qué está el cuerpo resucitado mortalmente cubierto de repugnantes heridas?
La Resurrección es para la vida, no para la muerte. ¿No veré a quienes han resucitado caminar de nuevo en esta tierra, entre hombres perfectos en cuerpo y alma, completos y contentos en la carne, que viven en la carne, aman en la carne, engendran hijos en la carne y por fin han alcanzado la plenitud, perfectos, sin cicatrices ni marcas, sanos, sin temor a la mala salud? ¿No es éste el período de la madurez y el gozo y la culminación, tras la Resurrección? ¿Quién quedará ensombrecido por la Muerte y la Cruz, tras haber resucitado, y quién temerá la carne mística y perfecta que pertenece a los cielos?