El arco iris
El arco iris ¿Dónde estaban la esperanza y la plenitud? O ¿era todo únicamente inútil vida eterna, una vida incorpórea y pálida? ¡Lástima de pasión del corazón humano, obligado a morir mucho antes que el cuerpo!
Porque de la tumba, después de la pasión y la prueba del sufrimiento, el cuerpo resucitaba desgarrado, frío y sin color. ¿No dijo Cristo: «¡María!», y cuando ella se volvió a Él con las manos tendidas, no se apresuró Él a añadir: «No me toques, porque aún no he subido a mi padre»[14]?
¿Cómo podían entonces regocijarse las manos o alegrarse el corazón, viéndose rechazados? ¡Lástima de resurrección del cuerpo muerto! ¡Lástima del aspecto titubeante y tembloroso del Cristo resucitado! ¡Lástima de la Ascensión a los cielos, que es una sombra dentro de la muerte, una extinción absoluta!
¡Lástima que el drama acabe tan pronto, que la vida termine a los treinta y tres años, que el alma pase la mitad del año fría y sin historia! ¡Lástima que un Cristo resucitado no tenga lugar entre nosotros! ¡Lástima que la memoria de la pasión del Sufrimiento y la Muerte y la Tumba se alce, victoriosa, sobre la tenue realidad de la Resurrección!