El arco iris
El arco iris Esta frase era muy importante para ella: en ella puso toda la angustia de su juventud, toda su pasión y su anhelo juvenil. Llamaba a Anton en todas partes, desde lo más hondo de su corazón, sus brazos y sus piernas palpitaban de angustia por él en todas partes, la fuerza que emanaba de su alma parecía viajar hasta él, incesantemente, incesantemente, y lo encontraba en la propia creación de su alma.
Pero ¿quién era él, y dónde existía? Existía únicamente en el deseo de Ursula.
Recibió una postal de él, y la estrechó contra su pecho. En realidad no significaba gran cosa para ella. Al día siguiente la había perdido, y no volvió a acordarse hasta pasados unos días.
Transcurrieron las largas semanas. Continuamente llegaban malas noticias de la guerra. Y Ursula tenía la sensación de que todo, en el mundo exterior, le hacía daño, todo le hacía daño. Y algo dentro de su alma continuaba frío, apático, inmutable.