El arco iris
El arco iris Empezó el trimestre del verano y con él la clase de natación. La señorita Inger iba a ocuparse de la clase de natación. Ursula estaba temblorosa y deslumbrada de pasión. Sus esperanzas pronto se harían realidad. Vería a la señorita Inger en traje de baño.
Llegó el día. En la amplia piscina, el agua centelleaba con un tono verde esmeralda claro, formando una preciosa masa de brillo trémulo en el recinto blancuzco, como el mármol. La luz caía suavemente del techo y la masa de agua pura se desplazaba por debajo como si alguien estuviera buceando.
Temblando, apenas capaz de dominarse, Ursula se desnudó, se puso su traje de baño ceñido y salió de su cabina. Dos chicas ya estaban en el agua. La profesora no había llegado. Ursula la esperaba. Se abrió una puerta. Apareció la señorita Inger, vestida con una túnica de color rojo oxidado, como una muchacha griega, recogida en la cintura, y un pañuelo de seda rojo en la cabeza. Estaba maravillosa. Tenía las rodillas muy blancas, fuertes y orgullosas, el cuerpo firme como la diosa Diana. Se acercó tranquilamente a un lado de la piscina y, con un movimiento de abandono, se lanzó al agua. Ursula observó unos momentos los hombros blancos, suaves y fuertes, y la facilidad con que se movían los brazos. También ella se lanzó al agua.