El arco iris
El arco iris Un coche de motor esperaba a Ursula y Winifred en la estación desangelada, y a lo largo del trayecto tuvieron la sensación de estar atravesando los desangelados comienzos de algo impreciso. El ambiente era un momento de caos perpetuo, persistente, de caos fijo y rígido. Ursula estaba fascinada con la cantidad de hombres que veía: grupos de hombres parados en las calles, cuatro o cinco andando en cuadrilla, con los perros corriendo delante o detrás. Todos vestían decentemente y estaban en su mayoría demacrados. Ursula parecía fascinada por su aspecto desmesuradamente demacrado y sereno. Como seres que han perdido la esperanza, pero que siguen vivos y aún conservan un espíritu apasionado envuelto en un caparazón profundamente huero, pasaban de largo sin propósito, aislados por una singular dignidad. Era como si un caparazón duro y córneo los encerrara a todos.