El arco iris
El arco iris Con el alma endurecida y gélida, Ursula se dio cuenta de que su profesora se habÃa convertido en la amante de su tÃo. Y se alegró. Los habÃa querido a los dos. Ahora querÃa librarse de ellos. Su podredumbre, cenagosa y agridulce, desprendÃa para Ursula un olor nauseabundo y malsano. HarÃa lo que fuera, con tal de salir de aquel ambiente fétido. Se alejarÃa de los dos para siempre, se alejarÃa para siempre de su extraño y blando elemento corrompido. HarÃa lo que fuera, con tal de escapar.
Una noche, Winifred se metió en la cama de Ursula, ardiendo de pasión, la abrazó, la estrechó contra su cuerpo, a pesar de que notaba su reticencia, y le dijo:
–Querida, querida mÃa… ¿HarÃa bien en casarme con el señor Brangwen? ¿HarÃa bien?
La pregunta, pegajosa, densa, turbia, cayó sobre Ursula como un peso insoportable.
–¿Te lo ha pedido? –preguntó, haciendo acopio de todo su poder de resistencia implacable.
–Me lo ha pedido –dijo Winifred–. ¿Tú quieres que me case con él, Ursula?
–SÃ.
Los brazos de Winifred apretaron a Ursula con más fuerza.
–Lo sabÃa, cielo mÃo… Y me casaré con él. Tú le tienes cariño, ¿verdad?