El arco iris
El arco iris Por fin, después de veinte años, recuperó su afición por la talla en madera casi en el mismo punto en que había dejado su panel de Adán y Eva cuando cortejaba a su mujer. Pero ahora que tenía el conocimiento y la destreza le faltaba la visión. Era consciente de la puerilidad de sus concepciones juveniles, del mundo irreal que las había alumbrado. Ahora tenía una fuerza inédita en su percepción de la realidad. Se sentía como si fuera real, como si se ocupara de cosas reales. Había trabajado años y años en Cossethay, construyendo el órgano de la iglesia, restaurando la madera, cobrando conciencia gradualmente de la belleza de las labores sencillas. Ahora quería expresarse de nuevo a través de sus tallas en madera.