El arco iris
El arco iris Pero no llegaba a dar el paso: siempre estaba demasiado atareado, demasiado inseguro, confundido. En sus titubeos, empezó a estudiar modelado. Descubrió con sorpresa que tenía aptitudes. Modelando en arcilla, en escayola, era capaz de crear piezas hermosas, verdaderamente hermosas. Decidió entonces hacer un busto de Ursula, en alto relieve, a la manera de Donatello. En un primer arranque de pasión, consiguió un hermoso esbozo de sus deseos. Pero seguía sin alcanzar el punto de concentración necesario. Con mal sabor de boca, se dio por vencido. Siguió copiando o haciendo bocetos que seleccionaba de motivos clásicos. Adoraba a Della Robbia y a Donatello tanto como había adorado a Fra Angelico en su juventud. Había en sus creaciones algo de la frescura y la cándida observación de los primeros artistas italianos. Pero eran simples reproducciones.
Alcanzó el límite con el modelado y se pasó a la pintura. Pero probó fortuna con la acuarela como cualquier aficionado. Aunque obtuvo el resultado que esperaba, no le interesaba gran cosa. Después de hacer un par de dibujos de su querida iglesia y representarla con la misma frescura que sus piezas modeladas, aunque tenía un aspecto incongruente con el estilo etéreo de la pintura moderna, por cómo se alzaba el campanario, cómo destacaba y afirmaba su posición a la vez que parecía avergonzada de su falta de sentido, Brangwen desistió una vez más.