El arco iris
El arco iris –¿Qué es esto? –preguntó.
–Quiere irse y ser maestra en Kingston-on-Thames, por cincuenta libras anuales.
–No me digas.
Su madre habló como si todo fuera una situación hostil que afectara a una desconocida. Dejaría que su hija se marchara, por pura crueldad. Volvería a crecer de nuevo únicamente en el hijo que esperaba. Su hija mayor era un obstáculo en este momento.
–No va a irse tan lejos –dijo su padre.
–Tengo que ir donde me necesitan –protestó Ursula–. Y es un buen sitio.
–¿Qué sabrás tú de eso? –contestó su padre, con aspereza.
–Y da lo mismo que te necesiten o no, si tu padre dice que no, no irás –dijo su madre, sin alterarse.
¡Cuánto la odiaba Ursula!
–Dijisteis que lo intentara –protestó–. Ahora tengo un empleo, y pienso ir.
–No vas a irte tan lejos –dijo su padre.
–¿Por qué no buscas trabajo en Ilkeston, y así puedes vivir en casa? –preguntó Gudrun, que no soportaba las peleas y no entendía que Ursula estuviera tan alterada, pero a la vez tenía que ponerse de parte de su hermana.
–No hay ningún puesto en Ilkeston –protestó Ursula–. Además prefiero irme de aquí.