El arco iris
El arco iris –Si lo hubieras pedido, habrÃamos podido encontrar una plaza para ti en Ilkeston. Pero, claro, tenÃas que demostrar que eres la señorita Todopoderosa y salirte con la tuya –dijo su padre.
–Seguro que te vas ahora mismo –dijo su madre, en un tono muy mordaz–. Y seguro que te encuentras con gente que no tardará en mandarte a paseo. Tienes una opinión demasiado elevada de ti misma, de tu valÃa.
HabÃa entre la hija y la madre un sentimiento de odio puro. Sobrevino un silencio obstinado. Ursula sabÃa que tenÃa que romperlo.
–Bueno, me han escrito, y tengo que ir –dijo.
–¿De dónde piensas sacar el dinero? –preguntó su padre.
–Me lo dará el tÃo Tom –contestó.
De nuevo se hizo el silencio. Esta vez Ursula se sentÃa victoriosa.
Por fin, su padre levantó la cabeza. TenÃa una expresión concentrada, parecÃa que necesitara concentrarse para formular su sentencia definitiva.
–No te irás tan lejos –dijo–. Hablaré con el señor Burt para encontrar una plaza aquÃ. No voy a consentir que vivas sola al otro lado de Londres.
–Pero tengo que ir a Kingston –dijo Ursula–. Me han llamado.
–Podrán arreglarse sin ti –dijo su padre.