El arco iris
El arco iris Pero mientras soñaba con estas cosas, oyó el chirrido del tranvía al tomar una curva y su traqueteo sordo, antes de verlo aparecer y oír su murmullo más cerca. El vehículo se deslizó con sigilo por los raíles circulares de la terminal y se detuvo, imponente, delante de Ursula. Un grupo de gente oscura y gris bajó por la parte de atrás. El conductor se metió en los charcos, rodeando el poste.
Ursula montó en el húmedo e incómodo tranvía, con el suelo oscuro y mojado, las ventanillas empañadas, y se sentó, con el alma en vilo. Su nueva vida había comenzado.
Subió otra pasajera, una criada con una chaqueta insípida y mojada. Ursula no soportaba la espera del tranvía. Sonó la campana, hubo una sacudida. El vehículo arrancó con cautela por la calle mojada. La llevaba hacia su nueva vida. Su corazón ardía de dolor y expectación, como si algo la cortara en carne viva.