El arco iris
El arco iris Cuando iba por la calle, taconeando por la acera de granito, era consciente de que algunos niños la seguían. Algo le golpeó en la mano en la que llevaba el bolso, y le hizo daño. Vio rodar una patata. Le dolía la mano, pero no hizo ninguna señal. Pronto subiría al tranvía.
Se sentía asustada y extraña. Todo lo encontraba extraño y desagradable, como un sueño en el que se veía degradada. Prefería morirse antes que reconocerlo ante nadie. No se atrevía a mirar la mano hinchada. Algo se había quebrado dentro de ella: había pasado un momento muy duro. Había pagado un precio por escarmentar a Williams.
Demasiado alterada para volver a casa, siguió hasta el centro del pueblo en el tranvía y bajó en la puerta de una tetería. En la trastienda pequeña y oscura, tomó un té con pan y mantequilla. No notaba el sabor de nada. Tomar el té era un acto mecánico, para olvidarse de su existencia. Envuelta en aquel ambiente oscuro y recóndito, no tenía conciencia de nada. Solamente notaba el dorso de la mano, que le dolía.