El arco iris
El arco iris Se aisló entonces de la vida de su niñez, se sumió como una extraña en un mundo nuevo de trabajo y consideración mecánica. Hablaba con Maggie de la vida y las ideas, a la hora de comer y en sus encuentros ocasionales en un pequeño restaurante. Maggie era una sufragista convencida, confiaba en el voto. Para Ursula el voto nunca habÃa sido real. HabÃa experimentado en lo más hondo la extrañeza y la pasión de la religión y de la vida, que trascendÃan ampliamente los lÃmites del sistema automático del voto. Sin embargo, su conocimiento orgánico y esencial aún estaba por cobrar forma y encontrar la manera de expresarse.
Para Ursula, como para Maggie, la libertad de las mujeres era una cuestión importante y profunda. TenÃa la sensación de que en alguna parte, en algún aspecto, no era libre. Y querÃa serlo. Se sublevaba. Y es que cuando alcanzara la libertad podrÃa ir a cualquier parte. Ah, ¡ese lugar cualquiera, maravilloso y real que se encontraba fuera de su alcance, ese lugar cualquiera que sentÃa muy dentro!