El arco iris
El arco iris Pero así tenía que ser. No quería hacerlo. Pero tenía que hacerlo. Ah, ¿por qué, por qué se había aliado con este sistema perverso que la forzaba a embrutecerse para sobrevivir? ¿Por qué se había hecho maestra, por qué, por qué?
Los niños la habían forzado a dar palizas. No, no se compadecía de ellos. Había llegado al colegio llena de bondad y amor, y ellos la habían destrozado. Preferían al señor Harby. Muy bien, entonces tendrían que conocerla tan bien como conocían al señor Harby, tenían que someterse a ella para empezar. No estaba dispuesta a consentir que nadie la anulase, de ningún modo, ni los niños ni el señor Harby ni el sistema educativo. No se dejaría aplastar, no la impedirían ser libre. Nadie podría decir de ella que no había estado a la altura de las circunstancias. Lucharía y conservaría su posición también en este ámbito, en el mundo del trabajo y de las convenciones masculinas.