El arco iris

El arco iris

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

En vista de esto, Ursula no volvió a recurrir al director y, cuando la sacaban de quicio, cogía la vara y, con la mirada desesperada y perdida, casi brillando de ira gélida, pegaba al niño que se mostraba insolente, en la cabeza, en las orejas y en las manos. Al final todos la temían, Ursula consiguió imponerles disciplina.

Sin embargo, su espíritu había tenido que pagar un precio muy alto. Parecía como si una llama gigantesca hubiera calcinado su tejido sensible. Ella, que se asustaba al pensar en cualquier modalidad de sufrimiento físico, se había visto obligada a combatir y azotar con una vara, despertando su instinto de herir. Y después se había visto obligada a soportar los gimoteos y la desolación de los niños, sometidos por la fuerza.

Y a veces tenía la sensación de que iba a volverse loca. ¿Qué más daba, qué más daba si ensuciaban los cuadernos y no obedecían? Ursula de hecho prefería que desobedecieran todas las normas del colegio antes que verlos apaleados, rotos, reducidos a aquel estado de llanto y desesperación. Prefería mil veces soportar sus insultos y su insolencia a rebajarse y rebajarlos de esta manera. Se arrepentía profundamente de haber perdido la cabeza y haber sometido al niño a palos.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker