El arco iris
El arco iris –No le ha servido de nada… No tiene suficiente carácter para crear problemas.
Ursula temÃa el escándalo y la brutalidad. Pero al mismo tiempo le inspiraban una vaga fascinación morbosa. ¡Qué sórdido le parecÃa todo! SentÃa lástima de la extraña mujer de andar lento, y de aquellos niños insidiosos y extraños. Al Williams de su clase le pasaba algo raro. Qué desagradable era todo en general.
La batalla continuó hasta que Ursula se encontraba al lÃmite. Tuvo que someter a otros cuantos niños para dejar bien sentado quién mandaba. Y el señor Harby la odiaba casi tanto como si fuera un hombre. Ahora estaba convencida de que solo una buena tunda aplacarÃa a los gamberros que se empeñaban en jugar con ella al ratón y al gato. El señor Harby no estaba dispuesto a zurrarlos si podÃa evitarlo. Porque odiaba a la maestra, a la altiva e insolente señorita que hacÃa valer su independencia.
–Vamos a ver, Wright, ¿qué has hecho esta vez? –preguntó en tono cordial al alumno de quinto curso al que Ursula habÃa enviado para que él lo castigara. Y el director dejó al chico ahÃ, sin hacer nada, perdiendo el tiempo.