El arco iris
El arco iris Seguía odiando el colegio. Seguía llorando, seguía sin creer en la enseñanza. ¿Por qué tenían que aprender los niños, y por qué tenía ella que enseñarles? Era lo mismo que pulverizar el viento. ¿Qué clase de locura convertía la vida en esto, en el cumplimiento de un deber absurdo y artificial? Era todo falso, todo antinatural. El colegio, las sumas, la gramática, los exámenes trimestrales, los certificados: era todo una nada estéril.
¿Por qué tenía que entregar su lealtad a este mundo y permitir que la dominara hasta el punto de que su mundo de sol cálido y vida en crecimiento, rebosante de savia, se convirtiera en nada? No iba a consentirlo. No iba a ser prisionera del áspero y tiránico mundo masculino. No iba a tomarse el más mínimo interés. ¿Qué más daba que sus alumnos tuvieran malos resultados en los exámenes trimestrales? ¿Para qué?… ¿Qué más daba?