El arco iris
El arco iris Ursula se preocupaba mucho más por su indumentaria, pero era tímida, siempre caía en un pozo de admiración por alguien y trataba de imitar a la otra persona, y así se volvía incongruente sin remedio. Cuando se vestía con fines prácticos siempre tenía buen aspecto. En invierno, con un abrigo y una falda de cuadros, las facciones ávidas y palpitantes enmarcadas por un sombrero de piel negra, parecía recorrer las calles como impulsada por una corriente de intriga, extremadamente receptiva y sensible.
Al final del primer año, Ursula aprobó el examen de ingreso al ciclo medio de Letras y disfrutó de una pausa en su frenética actividad. Se dejó llevar, se relajó por completo. Agotada por los nervios y descompuesta de inquietud por la preparación del examen, presa de una exaltación que sin embargo le permitía atravesar el momento crítico, se sumió después en una pasividad temblorosa, con la voluntad absolutamente relajada.
La familia fue a pasar un mes en Scarborough. Gudrun y su padre trabajarían en la Escuela de Artes y Oficios de esta ciudad a lo largo del verano, y Ursula tenía que hacerse cargo de sus hermanos menores. Pero en cuanto tenía un momento libre lo pasaba a solas.
Contemplaba el mar brillante. Le parecía hermosísimo. Su corazón se llenaba de lágrimas ardientes.