El arco iris
El arco iris «¿Qué sois, pálidos ciudadanos? –parecÃa preguntar su rostro, resplandeciente–. Bestias sojuzgadas y vestidas con piel de cordero, oscuridad primigenia falsamente transformada en mecanismo social.»
A todas horas continuaba envuelta en esta subconsciencia sensual, mofándose de la luz fabricada y artificial de los demás.
«Se visten con una identidad individual lo mismo que se ponen un traje –se decÃa, mirando con burla y desprecio a los hombres rÃgidos y neutralizados–. Creen que es mejor ser oficinistas o profesores que individuos fértiles y oscuros que existen en la oscuridad latente. ¿Qué crees que eres? –preguntaba su espÃritu al profesor que le daba clase–. ¿Qué crees que eres, ahà sentado, con tu toga y tus gafas? Eres un animal al acecho, que huele la sangre, que aguarda en la oscuridad de la jungla, olfateando sus deseos. Eso eres, aunque nadie lo creerÃa, y tú serÃas el último en admitirlo.»