El arco iris
El arco iris Pero los caballos le habían cerrado el paso. La cercaron por detrás. Sabía que se habían parado en un puente de madera que cruzaba el dique bordeado de juncos, como una masa oscura y densa, poderosamente densa. Sin embargo, sus pies no se detenían. Los caballos iban a adelantarla. Iban a adelantarla. Sus pies no se detenían. Y sus nervios y sus venas estaban cada vez más tensos, ardían, ardían al rojo vivo, terminarían por fundirse y ella por morir.
Los caballos la adelantaron. Como un fogonazo, tuvo la sensación de que el movimiento de los animales la atravesaba, el temblor, la fuerza y el empuje de sus flancos poderosos, cuando la adelantaron y pasaron de largo.