El arco iris
El arco iris Era extraño el vacÃo que los separaba. Ursula lo apreciaba ahora como se aprecia un recuerdo, una identidad perdida. Skrebensky era parte del pasado, finito. Era lo conocido. SentÃa un profundo afecto por él, el afecto que se siente por algo que ya es pasado. Pero cuando miraba adelante, él no estaba. No: cuando miraba adelante, a la tierra desconocida que se desplegaba a su alrededor, solamente acertaba a vislumbrar un fresco resplandor de la luz y unos árboles inescrutables que se alzaban como el humo desde el suelo. Era un mundo desconocido, inexplorado, un mundo desconocido en cuya orilla habÃa desembarcado, sola, después de atravesar el vacÃo, la oscuridad que bañaba las orillas del Nuevo y el Viejo Mundo.
No estaba embarazada: se alegró. Si hubiera tenido un hijo, todo habrÃa sido ligeramente distinto. Se habrÃa quedado con su hijo, sola, no habrÃa vuelto con Skrebensky. Anton ya pertenecÃa al pasado.