El Caballito de Madera
El Caballito de Madera Era una mujer hermosa. Había reunido todos los atributos que puede deparar la vida, y sin embargo, la suerte no la acompañó. Se casó por amor, y el amor se hizo añicos. Tuvo hermosos hijos, y siempre creyó que la obligaron a tenerlos. Entonces no pudo amarlos. Ellos la miraban con frialdad, como si la culparan de algo. Y ella pronto sintió que tenía que ocultar alguna falta. Sin embargo, nunca supo cuál fue la culpa que debía encubrir. Y cuando sus hijos estaban presentes, se le endurecía el corazón. Esto la inquietaba, y en su inquietud trataba de mostrarse afectuosa y siempre predispuesta a ellos, como si los amara. Solo ella sabía que en su corazón conservaba un rincón duro por el que no podía sentir amor, no podía amar a nadie. Todos decían: «Es una buena madre. Adora a sus hijos». Solo ella y sus propios hijos sabían que eso no era verdad. En sus miradas se podía cristalizar la verdad.
Tenía un varón y dos niñas. Vivían en una casa confortable, con jardín, con criados discretos, y se sentían superiores a todos los vecinos.
