El Caballito de Madera
El Caballito de Madera Pero, aunque guardaban las apariencias, en el hogar reinaba siempre cierta ansiedad. El dinero nunca era suficiente. La madre cobraba una pequeña renta, y el padre tenÃa otra pequeña renta, y eso no alcanzaba para conservar la posición social que debÃan simular. El padre trabajaba en una oficina de la ciudad. TenÃa expectativas interesantes, pero esas expectativas nunca se concretaban. Y aunque conservaran las apariencias, la temible sensación de la escasez de dinero persistÃa siempre.
Por fin dijo la madre:
—Veré si yo puedo hacer algo.
Aunque no sabÃa por dónde empezar. Se devanó los sesos, probó esto y aquello sin encontrar nada satisfactorio. El fracaso grabó en su rostro profundos surcos. Sus hijos crecÃan y pronto irÃan a la escuela. HacÃa falta dinero, más dinero. Y el padre, siempre muy elegante y generoso para satisfacer sus gustos, nunca podrÃa hacer nada que valiese la pena. Y la madre, con mucha fe en sà misma, no logró mejores resultados; y por otra parte, era tan derrochadora como el padre.
