Historias de lo oculto
Historias de lo oculto Y, de este modo, la casa estuvo frecuentada por la frase jamás pronunciada de: «¡Hace falta más dinero, hace falta más dinero!» Los niños la oÃan constantemente, aunque nadie la dijera en voz alta. La oÃan en Navidades, cuando el cuarto de juegos se llenaba de juguetes caros y espléndidos. Detrás del lustroso y moderno caballo mecedor, detrás de la elegante casa de muñecas, una voz susurraba: «¡Hace falta más dinero, hace falta más dinero!» Y los niños se detenÃan de jugar y escuchaban unos momentos. Se miraban a los ojos unos a otros para comprobar si todos lo estaban oyendo. Y cada cual veÃa en los ojos de los otros dos que también ellos oÃan: «¡Hace falta más dinero, hace falta más dinero!»
Aquello surgÃa susurrando de los resortes del caballo mecedor aún no detenido, e incluso el caballo, inclinando su cabeza de madera embridada, lo oÃa. La gran muñeca, sentada en su cochecillo, rosa y sonriendo estúpidamente, podÃa oÃrlo con toda claridad, y parecÃa sonreÃr estúpidamente de un modo todavÃa más consciente a causa de ello. El alelado perro de trapo, también, que ocupaba el puesto del oso de peluche, tenÃa ese aire tan lelo ni más ni menos que porque oÃa el secreto susurro por toda la casa: «¡Hace falta más dinero!»