Historias de lo oculto
Historias de lo oculto Oscar Cresswell reflexionó.
—Quiero ver el dinero —dijo.
Volvieron a la casa, y Bassett, sin el menor titubeo, fue detrás de la casita del jardinero y volvió con mil quinientas libras en vales. Las veinte libras de reserva las guardaba Joe Glee en el depósito de la Comisión de Carreras.
—¡Ya lo ves, tío! Todo va bien cuando estoy seguro. Entonces jugamos fuerte, con todo lo ganado. ¿Verdad, Bassett?
—Así lo hacemos, señorito Paul.
—¿Y cuándo estás seguro? —dijo el tío, riendo.
—¡Oh, bueno! A veces estoy absolutamente seguro, como con Daffodil —dijo el niño—; y a veces tengo una idea; y otras veces no tengo ni siquiera una idea, ¿verdad, Bassett? Entonces vamos con cuidado, porque la mayor parte de las veces perdemos.
—¡Vaya! ¿De veras? ¿Y cuando estás seguro, como con Daffodil, qué es lo que te da esa seguridad, chico?
—¡Oh, bueno! No sé —dijo el niño, desazonado—. Estoy seguro, ¿sabes, tío? Eso es todo.
—Es como si le viniera del cielo, señor —reiteró Bassett.
—¡Eso se diría! —dijo el tío.