Historias de lo oculto
Historias de lo oculto —¿Están bien todos los niños, señorita Wilmot?
—Oh, sÃ, están perfectamente.
—¿Y el señorito Paul? ¿Está bien?
—Se fue derecho a la cama. ¿Quiere que suba y vea cómo está?
—No —dijo la madre de Paul, con reluctancia—. ¡No! No se moleste. No pasa nada. No se quede levantada. Volveremos a casa pronto.
No deseaba intrusiones en la intimidad de su hijo.
—Muy bien —dijo la gobernanta.
Era la una más o menos cuando la madre y el padre de Paul volvieron a casa en el coche. Todo estaba en silencio. La madre de Paul se dirigió a su habitación y se quitó el manto de pieles. HabÃa dicho a su criada que no la esperara. Oyó a su marido, abajo, preparándose un whisky con soda.
Y entonces, impulsada por la extraña ansiedad que le oprimÃa el corazón, se abalanzó escaleras arriba, hacia la habitación de su hijo. Cruzó en silencio el corredor del piso superior. ¿No se oÃa un débil ruido? ¿Qué podÃa ser?