Historias de lo oculto
Historias de lo oculto Sus ojos brillaron mirándola durante un segundo extraño, insensato, mientras dejaba de espolear a su caballo de madera. Luego cayó ruidosamente al suelo, y ella, con toda su maternidad atormentada fluyendo en ella, se abalanzó a levantarlo.
Pero el niño estaba inconsciente, y permaneció inconsciente, con cierta fiebre cerebral. Hablaba y se agitaba, y su madre permanecÃa junto a él incesantemente.
—¡Malabar! ¡Es Malabar! ¡Bassett, Bassett!, ¡lo sé! ¡Es Malabar!
Asà gritaba el niño, tratando de incorporarse y de ir al caballo mecedor que le infundÃa su inspiración.
—¿Qué quiere decir con eso de Malabar? —preguntaba la madre, con el corazón helado de pavor.
—No lo sé —decÃa el padre, invariablemente.
—¿Qué quiere decir con eso de Malabar? —preguntó la madre a su hermano Oscar.
—Es uno de los caballos que corren el Derby —fue la respuesta.
Y, a pesar de sà mismo, Oscar Cresswell habló con Bassett, y él mismo apostó mil libras a Malabar: a catorce contra uno.