Historias de lo oculto
Historias de lo oculto Es un pensamiento monstruoso. Pero el hecho es todavÃa más monstruoso. ¡Oh, Jesús! ¿No sabÃas que no podÃas crucificarte tú solo? ¡Que los dos ladrones crucificados junto contigo eran las dos mujeres, tu mujer y tu madre! Las llamabas los dos ladrones. Pero ¿qué debÃan llamarte ellas, si ponÃas en la cruz sus cuerpos de mujer? ¡La abominable trinidad del Calvario!
Sentà una infinita ternura por mi querida Carlotta. TodavÃa no se la podÃa tocar. Pero mi alma fluÃa hacia ella como sangre cálida. Y estaba sentada, laxa y abatida, como rota. Pero no estaba rota. Era tan sólo el gran alivio.
Luke se sentó, con la mano de la joven morena apretada contra su pecho. Su rostro era cálido y fresco, pero también él respiraba pesadamente, y miraba sin ver. La señora Hale se sentó a su lado, erguida y muda. Pero ella le querÃa, con un poder erecto, de oscuro rostro, remoto.
—¡Morier! —me dijo Luke—. Si puede usted ayudar a Carlotta, querrá hacerlo, ¿verdad? Yo, ahora, no puedo hacer nada más por ella. Nos tenemos un miedo mortal el uno al otro.
—En toda la medida en que ella me lo permita —dije yo, mirando su abatida figura, construida en un armazón tan sólido.