Historias de lo oculto
Historias de lo oculto La extraña concentración de Luke nos hizo sentir instantáneamente una tensión, como de odio, en el cuerpo del coronel.
—¿Yo? —el coronel nos miró agresivamente, como un criminal—. ¡Yo! Yo no dirÃa eso, en su lugar.
—Quizás en eso esté el asunto —dijo Luke, con una hermosa tranquilidad demente—. ¿Por qué no puede usted sentir afecto por ella, la pobre? Seguro que pasó lo suyo mientras vivÃa.
Era como si tuviera un pie en la vida y el otro en la muerte, y conociera ambos lados. Para nosotros, era como una locura.
—¡Yo… yo! —balbuceó el coronel; y su cara era un poema. Una expresión tras otra se movÃan por ella: miedo, repudio, desaliento, ira, repulsión, asombro, culpabilidad—. Yo era bueno con ella.
—¡Oh, sÃ! —dijo Luke—. Puede que usted fuera bueno con ella. Pero ¿fue bueno su cuerpo con el cuerpo de la pobre Lucy? ¡Pobrecilla muerta!
ParecÃa conocer mejor al fantasma que a nosotros.
El coronel fijó en Luke una mirada vacÃa, y sus ojos subÃan y bajaban, subÃan y bajaban, subÃan y bajaban.
—¡Mi cuerpo! —dijo, huecamente.
Y bajó la mirada, con desconcierto, hacia su barriguilla redonda, bajo la bata de seda, y sus sólidas rodillas, bajo su pijama azul y blanco.