Historias de lo oculto
Historias de lo oculto —¡No ocurre nada, madre, te lo aseguro! —dijo.
Lady Lathkill nos miró a ambos, y luego se volvió sombrÃamente hacia el coronel.
—¿Se siente ella desdichada esta noche? —preguntó.
El coronel parpadeó.
—No —dijo, apresuradamente—. No, no lo creo. —Alzó la mirada hacia ella, con tÃmidos ojos parpadeantes.
—DÃgame qué puedo hacer yo —dijo ella, en un tono muy bajo, inclinándose hacia él.
—Nuestro fantasma anda por ahà esta noche, madre —dijo lord Lathkill—. ¿No has sentido el aire de la primavera, y olido la flor del ciruelo? ¿No nos ves a todos jóvenes? Nuestro fantasma anda por ahÃ, para traer a Lucy a casa. El pecho del coronel es absolutamente extraordinario, madre, blanco como la flor del ciruelo; parece más joven que el mÃo, y ya ha acogido a Lucy en su pecho, en su corazón, allà donde él respira como el viento entre los árboles. El pecho del coronel es blanco y extraordinariamente hermoso, madre; no me extraña que la pobre Lucy lo anhelara, anhelara volver por fin al hogar. Es como ir a un huerto de ciruelos, para un fantasma.