Historias de lo oculto
Historias de lo oculto Estaba citando según el diario de su abuelo, que sólo leÃan los hijos de la familia. Y, mientras citaba, se alzaba extrañamente sobre la punta de los pies, y separaba los dedos, acercando las manos hasta que se tocaran las yemas de los dedos. Su padre habÃa hecho esto mismo antes que él, cuando estaba profundamente emocionado.
Lady Lathkill se dejó caer pesadamente en la silla contigua a la del coronel.
—¿Cómo se siente? —le preguntó, con un sigiloso susurro.
Él se volvió a mirarla, con los grandes ojos azules del candor.
—Nunca supe lo que estaba mal —dijo él, un tanto nervioso—. Ella sólo querÃa que le prestaran un poco de atención, y no ser un fantasma sin hogar, sin casa. ¡Ahora todo está bien! Se encuentra bien aquà —apretó su mano cerrada contra su pecho—. Todo está bien; todo está bien. Ahora ella se sentirá bien.
Se puso en pie, con un aspecto un tanto fantástico con su bata de brocado, pero de nuevo viril, Cándido y sobrio.
—Con su permiso —dijo—, voy a retirarme —hizo una leve inclinación de cabeza—. Estoy muy contento de que me hayan ayudado. Yo no sabÃa… no sabÃa.