Historias de lo oculto
Historias de lo oculto »El coronel está muy bien, tranquilo y con autodominio. Tiene una granja en Wiltshire, y crÃa cerdos: es una pasión en él, la crême de la crême[5] de la raza porcina. Hay que reconocer que tiene unas marranas doradas tan elegantes como una joven Diane de Poitiers, y unos jóvenes gorrinos que son como Perseo en el primer esplendor dorado de la juventud. El coronel me mira a los ojos, y yo a él, y comprendemos. Ahora está tranquilo, y orgulloso, y muy robusto y vigoroso, criando puercos ad maiorem gloriam Dei. ¡Un buen deporte!
»Yo estoy enamorado de esta casa y de sus inquilinos, incluyendo al que huele a flor de ciruelo, aquella que le visitó a usted, en plena paz. No puedo comprender por qué usted vagabundea por partes de la tierra inquietantes y distantes. En cuanto a mÃ, cuando estoy en casa, ahà estoy. Tengo paz sobre mis huesos, y, sà es cierto que el mundo se dirige a un final violento y prematuro, como aseguran los profetas, pienso que la casa de Lathkill sobrevivirá, porque está edificada sobre nuestro fantasma. Asà que regrese, y verá que nosotros no nos hemos ido…»