Historias de lo oculto
Historias de lo oculto Estaba realmente enfermo. Lo puso en cama, y en cama se quedó. Vino el médico. Pero Philip se encontraba en un estado de pánico y lo asustaba todo. Katherine se fue a pasear consigo misma al bosque. Esperaba encontrar a Alan, y sentía desazón por encontrarle. Entre tanto, Philip yacía en la cama, semiconsciente, y, cuando ella volvía, decía, brillándole los ojos:
—¡Debes haber ido muy lejos!
Y, mientras pronunciaba las dos últimas palabras, descubría sus grandes dientes delanteros en una especie de sonrisa.
—No muy lejos —decía ella.
Cierto día, Alan fue a ella, surgiendo de las rocas rojizas y romas del bosque. Llevaba un kilt que le sentaba muy bien; pero llevaba una capa caqui. Iba sin sombrero. Fue caminando hacia ella, y sus rodillas hacían ondular el kilt del modo que ella tan bien conocía. Llegó triunfante, casi espléndido, y ella le esperaba temblando. Alan seguía en profundo silencio. Pero se la llevó pasándole el brazo por la cintura, y ella cedió, con una rendición completa que no había conocido antes. Y, entre las rocas, Alan le hizo el amor, y la tomó con la silenciosa pasión del marido, en plena posesión de ella.