Historias de lo oculto
Historias de lo oculto Luego Katherine volvió a casa, absorta, y se encontró con Philip seriamente enfermo. Se dio cuenta de que moriría. Y no le importó en absoluto. Pero le cuidó, se quedó a su lado, y Philip pareció mejorar.
Al día siguiente, sin embargo, quiso salir por la tarde: ¡debía salir! Sentía que su marido la esperaba, y su llamada era imperativa. Debía ir. Pero Philip se puso casi histérico cuando ella pretendió dejarlo.
—¡Te aseguro que moriré mientras estés fuera! ¡Te aseguro que moriré si me dejas ahora!
Hacía rodar salvajemente los ojos, y su aspecto era tan extraño que Katherine comprendió que era cierto. De modo que se quedó, hosca y llena de resentimiento, con su conciencia entre las rocas.
La tarde se fue haciendo cada vez más fría. Philip temblaba en la cama bajo el gran edredón.
—¡Este frío es asesino! ¡Me está asesinando! —decía.
A ella no le importaba. Estaba abstraída, a gran distancia de él, con el espíritu yéndose a la helada tarde. Una poderosa oleada parecía envolverla en otra realidad. Era Alan que la llamaba, que la poseía. Y la posesión pareció más fuerte cada hora.
Dormía en la misma habitación que Philip. Pero había decidido no meterse en cama. Philip estaba realmente muy débil. Ella se sentó a su lado. Hacia medianoche, Philip se incorporó y dijo, débilmente: