Historias de lo oculto
Historias de lo oculto De repente levantó la cabeza y rompió en una horripilante risa un tanto parecida a un relincho, descubriendo sus fuertes dientes espaciados y enarcando sus cejas negras, y observándola con una expresión extraña en sus brillantes ojos de macho cabrÃo.
Ella parecÃa un poco consternada.
—¡AhÃ! —dijo él—. ¿No oyes?
—Te oigo a ti —dijo ella, en un tono con el que daba a entender que aquello ya era suficiente.
—¿Pero no lo oyes? —gritó él, volviendo a abrir los labios de un modo curioso.
—¡No! —dijo ella.
Él la miró vengativamente, y volvió a prestar atención con la cabeza gacha. Ella siguió erguida, con el sombrero de pieles en la mano, con su hermoso cabello enfajado por la pieza abrazadera del aparato y recogiendo copos de nieve, y con su extraño rostro de ninfa sorda de ojos brillantes alzado en una escucha inútil.
—¡AhÃ! —gritó él, alzando súbitamente su rostro brillante—. No irás a decirme que no puedes… —la miraba casi diabólicamente. Pero alguna otra cosa le resultaba excesiva. Su cara se contorsionó en una peculiar sonrisa asustada, pareció brillar, y, súbitamente, estalló en una risa absolutamente extraordinaria, como una risa animal. Era un extraño sonido de relincho, asombroso para los oÃdos de la muchacha. Estaba sobresaltada, y conectó su aparato en un tono más bajo.