Historias de lo oculto
Historias de lo oculto —¡Bebido! —repitió el hombre del sombrero hongo con un profundo acento de burla—. Si sólo estuviera bebido… —y volvió a romper en aquella carcajada salvaje, relinchante, animal, mientras el rostro, que mantenÃa apartado, parecÃa llamearle.
Al sonido de la risa algo se sublevó en la sangre de la muchacha y del policÃa. Estaban cerca la una del otro, de modo que su mangas se rozaban, y contemplaban atónitos al hombre del sombrero hongo, que enarcó sus cejas negras mirándolos.
—¿Van a decirme que no oyen nada? —preguntó.
—Sólo a ti —dijo la señorita James.
—Sólo a usted, caballero —repitió el policÃa.
—¿Cómo es lo que oyes? —preguntó la señorita James.
—¡Pedirme que lo describa! —replicó el joven, con sumo desprecio—. Es el sonido más asombroso del mundo.
Y talmente pareció quedar envuelto en un nuevo misterio.
—¿De dónde procede? —preguntó la señorita James, en tono práctico.
—Aparentemente —respondió él, con desdén— de allà —y señaló hacia los árboles y arbustos más allá de las vallas del camino.