Historias de lo oculto
Historias de lo oculto —Bien, ¡vayamos a ver! —dijo ella—. Puedo llevar mi aparato e ir a escuchar.
El hombre pareció aliviado de liberarse de aquel peso. Volvió a hundir las manos en los bolsillos y cruzó oblicuamente el camino. El policÃa, con una extraña mirada revoloteando en su fresco rostro joven, cogió del brazo a la muchacha, cuidadosa y suavemente, para ayudarla. Ella no se apoyó en absoluto en el soporte de la ancha mano, pero se sentÃa intrigada, de modo que no la sintió. Se habÃa mantenido toda su vida apartada de todo contacto fÃsico, y nunca habÃa permitido que ningún hombre la tocara, pero ahora, con cierta voluptuosidad de ninfa, permitió que la mano ancha del joven policÃa la sostuviera mientras seguÃa la figura lupina del otro hombre a través del camino y colina arriba. Y podÃa sentir la presencia del joven policÃa a través del grosor del uniforme azul oscuro, laEn una pensión alemana sentÃa como algo joven, alerta y brillante.
Cuando llegaron junto al hombre del sombrero hongo, lo encontraron de pie, con la cabeza agachada y el oÃdo atento, escuchando junto a la baranda de hierro al otro lado de la cual crecÃan grandes acebos negros empenachados de nieve y viejos olmos ingleses listados y silenciosos.