Historias de lo oculto
Historias de lo oculto El policÃa y la muchacha permanecieron a la espera. Ella miraba en los arbustos con la mirada penetrante de una ninfa sorda, sorda a los ruidos del mundo. El hombre de sombrero hongo escuchaba intensamente. Una vagoneta bajó retumbando la colina, haciendo temblar la tierra.
—¡AhÃ! —gritó la muchacha mientras la vagoneta se alejaba con ominoso estruendo. Y se volvió con mirada encendida hacia el policÃa, con su fresca cara suave brillando de sobrecogida vitalidad. Miró derecho a los ojos desconcertados y divertidos del joven policÃa. Se estaba divirtiendo.
—¿No ve usted? —dijo ella, un tanto imperiosamente.
—¿De qué se trata, señorita? —replicó el policÃa.
—No puedo señalar —dijo ella—. Mire adonde yo miro.
Y dirigió la mirada de sus ojos brillantes a los oscuros acebos. DebÃa ver alguna cosa, ya que sonreÃa débilmente, con sutil satisfacción, y meneaba su cabeza erguida con todo el orgullo de la vindicación. El policÃa la miró a ella en lugar de los arbustos. HabÃa un cierto resplandor de triunfo y de vindicación en la serenidad de su cuerpo delgado.
—Siempre supe que lo verÃa —se dijo triunfantemente a sà misma.