Historias de lo oculto
Historias de lo oculto —¡Vaya! —le dijo la señorita James—. ¿Es cierto que está usted cojo?
—Es cierto. Por eso estoy aquÃ. No puedo andar —dijo el joven rubio, mientras le asomaban lágrimas en los ojos.
—Pero ¿cómo ha ocurrido? No estaba usted cojo la noche pasada —dijo ella.
—No sé cómo ha ocurrido… pero al despertarme y tratar de ponerme en pie, no he podido.
CorrÃan lágrimas por su cara desconsolada.
—¡Qué cosa tan extraordinaria! —dijo ella—. ¿Qué podemos hacer?
—¿De qué pie se trata? —preguntó Marchbanks—. Echémosle una ojeada.
—No quiero —dijo el pobre diablo.
—Mejor que sà —dijo la señorita James.
Le quitó lentamente el calcetÃn y dejó al descubierto su blanco pie izquierdo curiosamente agarrotado, como la extraña pezuña de alguna bestia. El policÃa, al verlo, se puso a sollozar.
Y, mientras él sollozaba, la muchacha volvió a oÃr la profunda risa exultante. Pero no le prestó atención, sino que siguió mirando con extrañeza al joven policÃa lloroso.
—¿Le duele? —preguntó la muchacha.
—Sà me duele si trato de andar —sollozó el joven.